Cómo una madre usa sus experiencias vividas para difundir la concientización sobre el suicidio

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El domingo 6 de septiembre marca el comienzo de la Semana de la prevención del suicidio. Esta semana sirve como recordatorio para verificar si los que te rodean y tú mismo están bien y continuar derribando estigmas en torno a la salud mental. En PA Parent and Family Alliance, nos apasiona hacer cosas para derribar este estigma y ser parte de la prevención del suicidio. Esta semana nos reunimos con Christina Paternoster, nuestra Directora de proyectos en PA Parent and Family Alliance y madre de 3 hijos, para escuchar su historia sobre cómo el suicidio afectó a su familia y cómo trabaja activamente para difundir la concientización sobre el tema.

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“Mi hermano menor hizo su primer intento de suicidio a los 12 años. Se fue de la casa en una ambulancia luego de romperse varias muelas. No había forma de pensar que ese no había sido un intento serio de quitarse la vida. Aun así el psiquiatra del hospital local le dijo a mi mamá que no lo dejaría internado para tratarlo si él no estaba de acuerdo. Sus problemas continuaron y vi a mi madre tratar una y otra vez de conseguirle buena ayuda en vano”, dijo Paternoster. “Sigo recordando que cuando llamé a mi trabajo al día siguiente para pedir el día libre le pedí a mi jefe que no contara lo que había pasado porque sentía vergüenza. Qué horrible sentimiento para un padre/cuidador, además de la preocupación y la tristeza que están viviendo”,


Cuando Paternoster piensa en el día en que su hermano se suicidó, sabe que ese recuerdo no se le borrará jamás. “Tengo la suerte de tener una muy mala memoria, así que no recuerdo la fecha, pero sí recuerdo haber recibido una llamada de mi otro hermano un sábado por la tarde diciéndome que mi hermano se había suicidado. Luego iba a llamar a nuestra madre para contarle (ya que ambos vivían en otro estado) pero no podía permitir que recibiera la noticia de esa manera, así que conduje 2 horas para contarle a mi madre personalmente. Tener que darle esa noticia a mi madre es algo que hasta hoy tengo grabado y afectó la forma en la que reaccioné cuando uno de mis propios hijos comenzó a tener problemas con su salud mental”.


Esta experiencia obviamente marcó a Paternoster como persona, como madre y como la defensora de la salud mental que es hoy. Cuando su hijo tenía 12 años, comenzó a notar que hablaba de terminar con su vida. “Debido a mi historia familiar, al recordar puedo ver que vivía (y tal vez todavía viva) en alguna medida, con un miedo constante. Conseguir ayuda para mi hijo fue una batalla continua. En nuestra área rural, fue difícil encontrar buenos terapeutas y, cada vez que probaba con uno y no funcionaba, debía escuchar los comentarios de mis amigos, familiares o administradores del sistema en el sentido de que estaba “comprando un diagnóstico”. ¡Cómo si algunos diagnósticos de salud mental fueran más glamorosos o menos estigmatizantes que otros! Luego, estaba la culpa de medicar a mi hijo. Recuerdo en aquellos días haber escuchado comentarios que insinuaban que “drogar” a mi hijo me facilitaba la crianza o servía para dejar contentos a los maestros y que darle “drogas” lo convertiría en adicto más adelante, esto es un 100 % erróneo. Cuando finalmente acordamos probar el medicamento, el cambio de mi hijo fue rápido y decisivo. En una semana, cuando lo pusieron a recortar y colorear sus emociones, pasó de 95 % negro = enojo/tristeza a un arco iris de colores con solo una franja de tristeza. Luego, tal vez como una típica madre, me enojé conmigo misma por haber esperado tanto para brindarle ese alivio”.


“Cuando hablo de ‘vivir con miedo’ de que mi hijo se quitara la vida es verdaderamente una angustia anticipatoria. Por supuesto que no tenía idea de cómo estaba viviendo. Habría sido de mucha ayuda si hubiera ido yo misma a terapia, pero el lugar donde vivía y el tener que quitarle tiempo al trabajo por otros motivos relacionados con los hijos no me dejaba tiempo o dinero extra para cuidar de mí misma. Si miro hacia atrás, debería haber priorizado mi propia salud mental. Afortunadamente con la opción de la telemedicina, cada vez más pacientes y cuidadores pueden sacar un tiempo, en la medida en que puede ser más fácil integrar una teleconsulta en medio de un día ocupado”, dijo Paternoster.


Paternoster está contenta de ver que, aunquetodavía hay estigmas en torno de la salud mental, ha mejorado mucho desde que su madre los criaba a ella y a sus hermanos. “Sé que mi madre hizo lo mejor que pudo para tratar de encontrar ayuda para mi hermano. Creo que los tiempos han cambiado y siguen cambiando, por eso me resultó un poco más fácil encontrar ayuda para mi hijo y será más fácil encontrar ayuda hoy . Cada vez más famosos hablan sobre salud mental y cuentan que fueron a terapia, lo que es bueno y llegará a más gente, de manera que nuestros hijos comprendan que es normal ir a hablar con un terapeuta sobre sus sentimientos.


Estoy feliz de haber priorizado llevar a mi hijo a terapia. Aprendí tanto como pude y continúo aprendiendo a medida que crece y cambia. Creo que llevarlo a terapia desde pequeño, tal vez en 2.º grado, fue muy bueno porque a medida que crecen es más difícil llevarlos y forzarlos a hablar. Cuando son pequeños simplemente hacen y van adonde se les pide. Además les queda ese aprendizaje y comprensión a los que pueden recurrir cuando las cosas se complican”.


“Incluso ahora, años después de la terapia, mi hijo terminó con dos internaciones en hospitales psiquiátricos por amenazas de suicidio. Nunca voy a olvidar la Navidad que pasé esperando el horario de visitas”.


“Algunos consejos que comparto con mis amigos: ¡encuentra a tu gente! Es posible que haya algunas personas de tu círculo, tal vez familiares o amigos, que simplemente no comprendan los problemas de salud mental, busca personas que sí lo entiendan y quédate con ellos. Puedes seguir juntándote con quienes no lo entienden pero limita lo que hablas con ellos si sabes que vas a volver sintiéndote mal contigo mismo y tus decisiones. Tu gente puede estar en un grupo en línea, puede ser un socio de apoyo a la familia, un grupo de padres con los que te juntas a tomar un café o un terapeuta, pero busca personas con las que puedas compartir libremente tus dudas, inquietudes y sentimientos. Tu gente debería apoyarte, tal vez darte un empujoncito cuando no estás pensando a fondo sobre algo y desafiarte cuidadosamente a que abras tu mente, pero siempre brindarte apoyo a ti y tus decisiones”, dijo Paternoster. “También deberías poder contar con ellos sin que te juzguen cuando tu mejor intento no funciona porque no hay garantías de que algo funcionará plenamente.


¡Edúcate! Asiste a las citas con una lista de preguntas, haz tu propia investigación para saber qué preguntas hacer y sigue preguntando hasta que entiendas. Es importante que encuentres fuentes de información confiables, no simplemente tomar consejos médicos de un blog o una publicación en redes sociales. Haz tu propia investigación y pregúntale a tu médico o terapeuta de confianza. Tengo una lista de sitios donde consulto nueva información y veo en varios lugares antes de probar algo nuevo. Y por último, pide ayuda. Soy muy mala en esto y ha habido ocasiones en las que he preguntado y me han decepcionado, pero pregunta de nuevo, pregúntale a otra persona”.


Ahora que Paternoster es la directora de proyectos en PA Parent and Family Alliance puede utilizar sus experiencias vividas para ayudar a otros padres y familias del estado. “Estoy muy agradecida de haber podido encontrar una forma de compartir todas las duras lecciones que aprendí, tanto con los problemas de salud mental de mi hijo como con sus necesidades educativas, y de que los padres que conozco puedan beneficiarse de alguna manera con mi experiencia, que no tengan que enfrentarse a los mismos obstáculos y tal vez reducir un poco los trámites burocráticos al escuchar a otro que te dice cómo tienes que formular tu solicitud o qué palabra en particular debes usar para que el proveedor entienda lo que le estás pidiendo.


“Pienso en mi hermano con frecuencia. Recuerdo que siempre me decía que me quería, al final de cada llamada o cuando se iba de mi casa gritaba. “¡Te quiero!” mientras salía por la puerta. Por mi hermano, nunca dejé de decirles a mis hijos que los quería cuando se iban a dormir o cuando se iban a la escuela; se los digo cada vez que nos reunimos o cada vez que se van de casa, y cuando lo hago pienso en él. Aunque hace mucho que no está, sigue presente en cada “Te quiero”.


Si tú o alguien que conoces tiene pensamientos suicidas, la línea directa nacional de prevención de suicidios es:

1-800-273-8255


Encuentra estos y más recursos en nuestro Laboratorio de aprendizaje:

Recursos de prevención para padres o cuidadores primarios

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Información de NAMI sobre qué hacer después de un intento de suicidio

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